La cita fue apenas pasadas las 22. Allí donde la avenida Córdoba ya pasó Callao y divide el barrio de Palermo con el de Almagro, muy cerca del corazón mismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La cita fue casi a mitad de cuadra, en vereda impar de un edificio que posee una sobria entrada, sobre la mano derecha, en el sentido en que los automóviles recorren esa transitada arteria. Construido hace más o menos 4 décadas, el luminoso ingreso permite acceder a un hall, donde a pocos pasos aparecen dos ascensores. El equipo Dogma-Argentina, que conforman Ariel Martín López, Guillermo Pickman, Luis Preacher y Jorge Fernández Gentile fueron recibidos por el joven que solicitó la investigación. Al mismo, para salvaguardar su identidad, lo llamaremos Víctor, quien con cortesía atendió al grupo, para reiterar brevemente lo que pasaba allí. El caso se ponía en marcha, con más dudas que certezas.

 

Habitante solitario
Este muchacho es el único habitante de uno de los cuatro departamentos que conforman el tercer piso. Al mismo se puede llegar también por escalera. La disposición marca que hay dos apartamientos que dan al contrafrente, uno de los cuales pertenece Víctor. ¿Los motivos para solicitar los servicios de Dogma? El joven de aproximadamente 30 años y que desarrolla una serie de negocios tiene un coqueto apartamento, suele ver sombras detrás de la única puerta de la entrada, además de escuchar varios ruidos, muchas veces provenientes del espacio superior, aunque no los pueda probar, mientras que la puerta parece a veces sacudirse sin motivo aparente.
Al trasponer esa puerta aparece un pasillo pequeño en esa entrada, que tiene el baño a la izquierda y más adelante una funcional cocina, apenas dividida por una especie de arcada para ingresar a un comedor, que lleva a la única habitación. El sitio, chico pero muy bien ambientado, limpio y ordenado, se remata con un balcón que da al corazón de la manzana y desde donde se pueden ver los fondos de otros muchos edificios, en una zona donde miles de personas habitan en espacios reducidos.

Lo que le sucede a Víctor
La preocupación de Víctor es que, cada vez que se encuentra en su hogar, generalmente de noche, se siente observado, e incluso reflexiona que muchísimas veces ha visto la aparente sombra de alguien que debería estar ubicado justo detrás de la única puerta de acceso. Su actitud, nada temerosa, es la de ir a abrirla, pero solamente en una oportunidad vio una pierna de alguien ingresar raudamemte a uno de los ascensores, cerrando la puerta de inmediato, y no tuvo tanta reacción como para seguirlo. Asimismo, Víctor dice escuchar ruidos del picaporte de la puerta, con un ruido muy característico, difícil de describir con palabras pero claramente perceptible, “como una vibración constante, como que lo están sacudiendo”, según explica.
En cuanto a sus vecinos, mientras que en el departamento que da a la izquierda del suyo, separado apenas por la escalera que va al cuarto piso, vive otro habitante solitario, que suele tener la televisión encendida hasta altas horas de la noche. Se trata de una persona mayor, poco sociable y que muchas veces mira filmes pornográficos, ya que el sonido de se TV se escucha claramente desde varios sectores del hogar de Víctor. Ambos no se llevan bien, aunque sus encuentros son por demás esporádicos. Enfrente, aunque en diagonal hay una entrada donde funciona un estudio profesional, que generalmente está vacío de noche.
Claro que después de un amplio interrogatorio del equipo de investigación, para poder llegar a ahondar en detalles sobre lo que pudiera suceder en el edificio que genera esta situación inusual, descubrimos que el cuarto departamento de ese tercer piso sí es el más enigmático, ya que está deshabitado desde hace más de un año, pero luego de una larga y penosa historia. Allí, hace muchos años, quizá más de 10, falleció la mujer que vivía con un hombre que, con enormes deudas de juego, se habría quitado la vida tiempo después. Esta unidad, según le realtóa Víctor el encargado del edificio, está vacío pero cerrado con fajas de la justicia, debido a que posee una abultada deuda de expensas, por lo que no se puede acceder al mismo.

Iniciada la investigación
Desplegados los diferentes equipos, con una temperatura ambiente de 26,2 °C , más cámaras infrarrojas estratégicamente ubicadas (alguna en el hall externo del departamento), detectores de metales, de luces y de sonidos, tras cinco largas horas se llegó a una conclusión inicial. Utilizando un Aura-Meter (también conocido como Ghost Meter) y un medidor de campo electromagnético (EmF) , un dispositivo de radiestecia que detecta las frecuencias de onda disimiles, se logró confirmar dos datos que aportaron muchísimo a la investigación. El primero es que algunos de los muebles que se encuentran en la propiedad están muy “cargados” de energía residual. Al consultar a Víctor, éste al respecto explicó que estos muebles llegaron hace pocos meses a su propiedad desde la casa de su fallecida abuela. Un detalle no menor. Sin embargo hay un segundo dato comprobado, mucho más revelador.

Más respuestas
Es que otra vez es el Aura-Meter fue el que dio una comprobación fehaciente. Para eso hay que entender que el departamento de Víctor tiene dos sectores bien delimitados: mientras que el comedor, la habitación y el balcón parecen estar “limpios”, sin que allí se generen hechos extraños, en cambio desde la cocina hacia la puerta de entrada, incluido el baño, está muy influenciada por una desconocida fuerza negativa, que aparentemente no está enmarcada en un ser indeterminado, producto seguramente de una energía oscuramente acumulada. Así lo marcaron los medidores K2 y el Aura-Meter, que se alteraron al límite con sus marcas de luces, en especial en el baño, donde el clima se enrareció a pesar de la extrema limpieza que lucía durante la investigación. Y lo mismo sucedió en el pasillo de entrada (Allí el péndulo se orientó decididamente hacia la puerta, inclinándose totalmente)
Aun así, la única forma de llegar a cierta conexión con dicha energía es cuando el medidor de temperatura que en gran prericia manejó Guillermo Pickman, redujo nada más ni nada menos que en 2°C la temperatura en pocos minutos. Pero ni en ese momento se logró hacer un contacto con una entidad corpórea que pudiera estar presente en el sitio.

Monitoreando el sector de entrada

Las cámaras que estratégicamente se ubicaron en las escaleras y en los pasillos que dan al ingreso del departamento tampoco pudieron captar fenómeno alguno, y de igual forma, a lo largo de las cinco horas de investigación, en ningún momento se consiguió observar que alguien o algo se pare detrás de la puerta de acceso. La mayor preocupación que tiene Víctor.
En ese sentido,durante la investigación, en la que se hicieron cuatro etapas con pruebas de mediciones de temperatura, ni en el pasillo, ni cuando Víctor se puso a trabajar como habitualmente lo hace en el comedor, hubo interacción que marcara alguna presencia, física o etérea. También se efectuó una simulación de esa contingencia, probando uno de los investigadores pararse detrás de la puerta y tomar diferentes imágenes desde adentro.
En ese sentido, lo más sorprendente siguió siendo la detección de energía acumulada en la pared de la ducha del baño, que linda con el departamento deshabitado, pero tampoco se probó presencia alguna.
Sí bien el equipo continúa analizando en forma complementaria el material recolectado, parece haber demostrado que el ruido del picaporte tiene que ver con el viento que circula entre las escaleras y el hall que precede a los ascensores. En cuanto a la puerta posee suficientes rendijas como para que cualquiera, desde afuera, pueda observar lo que sucede adentro. Si la relación entre el vecino lindero y Víctor es mala, no sería nada extraño que el señor mayor suela “espiar” lo que hace el joven. De todas maneras, las dudas quedaron flotando sobre el tema de la energía residual negativa y acumulada. Aunque mucho parece tener que ver el departamento lindero, y su siniestra historia.

Esa sombra que volvió a aparecer

Una cuestión que desconcierta tiene que ver con un detalle que no pasa desapercibido. Mientras Víctor refirió que, la noche posterior a la investigación de Dogma en el lugar, nuevamente volvió a ver las sombras en la puerta, algo que podría emparentarse con aquello de que, cuando está solo, la situación cambia. De todas maneras, de lo analizado en las filmaciones de las diferentes cámaras y lo audible que se captó en el grabador de baja frecuencia a lo largo de las 5 horas de investigación, solo en este último ítem hay varias frases que podrían marcar la presencia de entidades, aunque las mismas no son lo suficientemente nítidas como para ratificar lo que se fue a buscar (O bien que dichos sonidos pudieron surgir de la televisión encendida del vecino, que estuvo siempre a todo volumen y se escuchaba, aunque sin nitidez)

En ese sentido, los integrantes de Dogma aconsejaron a Víctor, para poder detectar qué está sucediendo en la puerta de entrada, debería colocar una cámara IP con sensor de movimiento, que le permitiría poder chequear desde el interior qué esta sucediendo minuto a minuto en la puerta cuando comienza la actividad nocturna, como así también tener una grabación del sitio en los momentos en los que se ausenta y su domicilio está deshabitado.

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