TEOTIHUACÁN, un enigma en México

San Juan de Teotihuacán es una de las denominadas ciudades mágicas de México. Y aunque recientemente surgieron dudas y se disparó la polémica con respecto al significado del nombre con que la bautizaron los pueblos de antaño, en cuanto a lo de “mágico” tiene que ver, como en muchas otras localidades de México, con la obligatoriedad de conservar un sinnúmero de yacimientos y sitios arqueológicos de ese increíble país, cuna de grandes civilizaciones precolombinas. Para conocer bien de cerca dos de las pirámides más imponentes que existen en toda la llamada mes América, Dogma recorrió varios de esos sitios del mal llamado Nuevo Mundo que “descubrió” Cristóbal Colón. Y ante semejante obra, las dudas asaltan casi de inmediato. ¿Las hicieron sólo las ancestrales civilizaciones precolombinas? ¿O contaron con ayuda de seres de otros mundos para construir semejantes moles?

Un lugar increíble
Visitada por más de cuatro millones de turistas de todo el mundo sólo en 2017, Teotihuacán está a 60 kilómetros de la congestionada capital mexicana, posee innumerables barrios de un centro de tinte colonial, con una comunidad muy poblada que acepta de buena gana las normas, que están muy claras y bien marcadas desde hace mucho en ese país. Es que quienes habitan Teotihuacán saben de antemano que no pueden edificar a más altura de lo que marcan las reglas municipales y tampoco se pueden construir determinadas obras, asfaltados o estructuras que rompan con un paisaje que, de por sí, parece acorde con todo lo que está ahí nomás. Es que es un sitio donde pareciera que el tiempo transcurre más lento, y una enorme energía parece percibirse en todo momento. El objetivo es conservar (y poder visualizar desde muchos sitios) los indemnes monumentos que dejaron las antiguas civilizaciones que habitaron la región, entre las que se cuentan los teotihuacanos, los mexicas y los más conocidos por todos, los aztecas.
Teotihuacán se sitúa al noreste de lo que antes era llamado el Distrito Federal o simplemente el DF, y ahora es solo la Ciudad de México. En ese pueblo de gente simple, muy solidaria e infinitamente hospitalaria, características muy típicas del común de los mexicanos de bien, aparecen a escasos kilómetros dos de las pirámides más imponentes del mundo, muy alejadas y diferentes a las de Egipto, aunque con un sentido que seguramente las relaciona en varias cuestiones. Como que, en ambos casos, son muchos los que consideramos que aquellos pobladores, sin ayuda extraordinaria, no habrían podido construir semejantes moles. Imponentes Para llegar a las pirámides hay que ir hasta un cuidado complejo, al que se accede por más de un ingreso, donde se debe pagar una módica suma para su mantenimiento y puesta en funcionamiento de lo que antaño fuera un ciudad precolombina donde está el Palacio de Ketzalpapalotl, que en varios momentos de su historia debió ser un sitio muy floreciente. Dicen los guías y lugareños que lo ideal es visitar en dos días, como mínimo, el predio. Y quien esto escribe da fe de que es así.

Lo que cuesta, vale
No hay que caminar mucho más de 500 metros desde la entrada principal, y de superar ferias artesanales y los cuidados restos de un antigua ciudad precolombina que ya asombra, para llegar a lo que se llama la calle o calzada De los Muertos, que enlaza con el templo de Quetzalcóatl, la pirámide de la Luna y, más allá, la imponente pirámide del Sol. Tan grandioso todo, que se eriza la piel de sólo estar en un sitio donde el sol reina a la luz del día, y seguramente la luna ilumina el predio en soledad, ya de noche. ¿Pudieron simples hombres sin maquinarias como la actuales y con rudimentarias herramientas realizar semejantes obras? Hay mil formas de explicarlo, pero suenan utópicas. Aunque no es un simple ejercicio, y cuesta mucho hacerlo, ascender a ambas pirámides, resulta sublime para quienes visitan el lugar. Las terrazas y las cimas de ambos monumentos permiten a quienes acceden la sensación misma de que se puede tocar el cielo con las manos. Allí, la energía parece percibirse a medida que se va ascendiendo en los elevados escalones de ambas estructuras.

Luna a medias
La pirámide de la Luna consta de una planta cuadrada de aproximadamente 45 metros por lado y también esa es

DCIM100GOPRO

su altura. Hasta noviembre pasado tenía el acceso restringido a lo más alto, y solamente se podía llegar a la primera terraza. A simple vista esta construcción es más pequeña que la del Sol, pero es porque está edificada sobre un terreno más alto, ya que ambas parecen tocar el cielo a la misma altura. Y damos fe de que subir solamente ese primer tramo de escalones de aproximadamente 40 centímetros de alto y muy angostos en su base, donde se apoya el pie, se hace muy cuesta arriba, aun con la ayuda de una soga-baranda que asiste a quienes ascienden.
En los carteles explicativos se indica que su forma final la adquirió después de siete etapas constructivas. Una vez en esa primera terraza, la vista es increíble y ver hacia adelante la calzada De los Muertos y más allá la otra pirámide, que es más grande, y todas las otras edificaciones existentes, a ambos lados de la calle, impresiona, mientras el viento golpea el rostro. Un círculo metálico marca en esa terraza un punto energético que una vez al año se activa y, dicen, sirve para energizar. Algo que no es antiguo, pero que hace a todo lo místico del lugar. Tocar el cielo es posible allí.

El sol está más lejos
Recorrer la calzada De los Muertos es detenerse a cada paso. Por ejemplo, donde se encuentra el mural del puma, uno de los animales venerados por las civilizaciones precolombinas, o cerca de la pirámide citada, en una estatua llamada Diosa de la Agricultura, que los arqueólogos sitúan en una época tolteca primitiva. Recorrer la calle De los Muertos con su pedregullo grisáceo es increíble, hasta que se asoma a la izquierda la impetuosa pirámide del Sol, la más grande del yacimiento. De ahí que, por su envergadura y enormes dimensiones, se puede llegar a ver a varios kilómetros de distancia. Su construcción, perfecta a la vista, posee una forma casi cuadrada de 225 metros por lado, según consta en las señalizaciones detalladas que hay en varios sitios. Muchos la comparan con la gran pirámide egipcia de Keops, salvando distancias y estilos de construcción.
El edificio consta de cinco cuerpos llamados troncocónicos superpuestos y una estructura adosada de tres cuerpos que no alcanzan la altura de la primera plataforma. A los visitantes se les permite subir hasta su cima teniendo que soportar en la ascensión 250 escalones. Quien escribe estas líneas puede asegurar que, sin un excelente estado físico, subir y bajar semejante mole da mucho trabajo y cansa a cualquiera.
Ubicada al oeste de la calzada De los Muertos, la imagen actual de la pirámide corresponde en realidad a una restauración que se efectuó entre los años 1905 y 1910, cuando se habilitaron varios edificios de la calle, ya por entonces con objetivos turísticos. Esa extraña sensación Aunque la construcción precolombina no da a entender su uso, todo hace suponer que los habitantes de Teotihuacán lo utilizaban como una forma de culto al astro que rige los destinos de nuestro sistema planetario, pero también como morada final de los dioses, aunque esto se mantiene en discusión. Eso sí, algunos osados investigadores -a los que se suma este escriba- aseguran que en realidad toda la edificación de la calzada De los Muertos, y en especial ambas pirámides, son una forma de monolito o signo que, desde las alturas, habrían utilizado los “dioses” -léase: seres de otros mundos- que ayudaron con tecnología y probablemente maquinaria a la construcción de un sitio que, mudo, da pocas explicaciones de por sí. Aunque maravilla con apenas verlo.

Los túneles del Inframundo
Recientes descubrimientos realizados en suelo mexicano no dejan de sorprender. Aunque, como ya explicamos, Teotihuacán, uno de los pueblos mágicos más importantes de los 111 existentes en la actualidad a lo largo de todo ese país, parece estar a la cabeza en varios sentidos. No solamente por tener en sus entrañas las imponentes pirámides del Sol y de la Luna, su Calzada de los Muertos que realmente impacta. También se han descubierto, en ese mismo parque arquitectónico, una serie de túneles secretos y algunas criptas que llevan a la conclusión de que es una conexión directamente relacionada con todo aquello que tiene que ver con el Inframundo, esa oscura zona subterránea en la que varias civilizaciones precolombinas, pero en especial los teotihuacanos, los mexicas y los aztecas, aunque también hay vestigios mayas, hacían un recorrido para la elevación de sus almas, una vez que la muerte los había alcanzado. Un estado, el Mictlán, directamente relacionado con el acervo mismo de los mexicanos, que no le temen a morir, porque para ellos, en realidad es un camino a la no muerte.

El Mictlán
Las 9 regiones del Mictlán, también llamado Chiconauhmictlán en la mitología mexica, que se relaciona mucho con los teotihuacanes, es concretamente la cosmovisión de las creencias de los nahuatl, sobre dos puntos a considerar: el espacio y el tiempo. En la visión de esas civilizaciones, un universo estructurado se divide en parcelas determinadas por unas fuerzas vivas posterior al nacimiento de los llamados “dioses primordiales”, a los que llaman Omecíhuatl y Ometecuhtli, que son posteriores a quienes fueron los denominados cuatro “dioses creadores” que son cuatro, Xipetótec, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli. En la cultura de esos pueblos esos cuatro dioses heredaron el arte de la creación de sus padres a partir de su sustancia, y luego de 600 años de inactividad solamente dos de ellos, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, se encargaron de organizar al universo, y optaron por dos maneras: la vertical y horizontal. Así, forjaron a las parejas de dioses que controlarían las aguas, dándoles esa función a Tláloc y Chalchiuhtlicue; la tierra, encomendada a Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl; el fuego, reservado a Xiuhtecuhtli y Xantico, mientras que los muertos quedaron a cargo de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. Así, diferenciaron las cosas: mientras el universo horizontal se comprendía a través de puntos cardinales o direcciones hemisféricas, el universo vertical comprendía solamente dos partes: la superior y la inferior.

Lo vertical
Esta sección se compone de tres estadíos: el Supramundo, el Mundo y el Inframundo, lo que en la representación toma una forma de especie de cubo. La parte íntegra central se llama Tlalocán y posee enormes árboles en cada esquina, que de alguna forma dividen y a la vez impiden que el tercio del medio, que no es otra cosa que el mundo, la tierra, a la que llaman Tlaltícpac, se pueda llegar a juntar con el tercio superior, que es el supramundo, o con el inferior, el llamado inframundo, del que muchos hablan en todo México.
La tierra o Tlaltícpac, en la visión nahua, se forma a partir del cuerpo del Cipactli, una tierra sólida y viviente generadora del sustento para el hombre y para la madre naturaleza, pues de ella se creó la superficie. Bajo esta misma premisa, los nahuas creían que de sus cabellos surgieron árboles, flores y plantas; de su piel surgieron planicies, llanuras y sedimentos fluviales; de sus ojos surgieron pozos, cuevas y fuentes; de su boca surgieron ríos, lagos y manantiales; de su nariz surgieron valles, cordilleras y mesetas, y de sus hombros surgieron sierras, volcanes y montañas. Lo que sigue son los llamados Supramundo e Inframundo.

Los trece cielos
También conocidos como Supramundo, son la parte superior del universo vertical, que junto a las poderosas fuerzas del Inframundo, que consta de nueve regiones, conforman el universo vertical, y las fuerzas de ambos convergen desde la tierra, influenciándola. Por otra parte, diariamente cuerpos celestes descienden al inframundo y ascienden de él, entrelazados por el universo horizontal, las direcciones hemisféricas o puntos cardinales que son regidos por los Dioses Creadores, en una compleja ecuación de difícil comprensión, ya que además las complejidades de la lengua agregan más dificultad a la comprensión.

No a todos les tocaba
Al Mictlán sólo iban quienes fallecían de muerte natural, fueran señores o macehuales, una clase por encima de los esclavos, pero por debajo de los nobles. Todos iban al Mictlán sin distinción de rango ni riquezas, o de enfermedades que no tenían un carácter sagrado. Para llegar al Mictlán el muerto debería atravesar nueve regiones, de las cuales se descendería simbólicamente como lo hace el dios sol Tonatiuh todos las noches para caer en las fauces del señor y señora de la tierra, Tlaltecuhtli y Tlalcíhuatl, el Inframundo.
Ese tránsito con sus nueve regiones conforma la travesía dentro del submundo, con obstáculos específicos que expresan niveles de putrefacción y tormentos que padecen los muertos en su regresión orgánica después de cuatro largos años. Cuando lograban atravesar los infiernos, si es que alcanzaban la meta, entonces podrían liberar su alma, su tonalli, logrando así el descanso anhelado ante la presencia de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, el señor y la señora de la muerte, los regidores del inframundo. Se ha llegado así al buscado Mictlán.

Increíbles hallazgos
Como cuando uno no se propone hacer algo pero igual se da, el 2 de octubre de 2003 se descubrió la entrada al Inframundo de Teotihuacán y su hasta ahora más importante secreto. Ayudaron la lluvia y el agua acumulada, que provocaron un agujero en el suelo de 83 centímetros de diámetro que quedó al descubierto. Fue entonces cuando el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Sergio Gómez, atareado por entonces en la conservación del Templo de Quetzalcóatl, decidió descender con una cuerda al hueco que comenzó a abrirse y luego explicó que descubrió la existencia de un túnel, bloqueado por piedras y tierra. Todo debajo de la plaza y de la pirámide de la Luna. Gómez inició entonces el llamado proyecto Tlalocan, que significa “camino bajo la tierra”. Allí se desciende hasta ese inframundo teotihuacano -cuyo paso está prohibido al público- a través de un túnel cavado que ha requerido ocho años de trabajo, que incluyó la utilización de robots que se fueron adentrando por ese universo secreto desde el que se intenta develar una enigmática civilización que colapsó en el siglo VIII, dejando un fabuloso mundo de piedras abandonado. Desencuentro y encuentro Recientemente, quienes continúan trabajando allí anunciaron la posibilidad de que bajo la pirámide de la Luna pudiera haber un tercer pasillo enterrado en el recinto arqueológico, algo que se pone en duda. Hasta ahora sólo se había encontrado el fallido túnel de la pirámide del Sol. Fue en 1973 cuando debajo de ese monumento se encontró un túnel muy similar al ubicado 30 años después. Entonces no había un arqueólogo y el administrador del parque ordenó limpiar todo, y cuando llegó el arqueólogo no encontró nada de lo que se podría haber hallado. En cambio, en el hallazgo de la pirámide de la Luna, esa cavidad de 83 centímetros es hoy una escalera estrecha e iluminada que conduce al centro mismo de la cosmología teotihuacana. Lo increíble es que los teotihuacanos rellenaron dicho túnel con todo tipo de cosas, incluso con las que ellos habían usado y ya no les servían. Eso dificultó aún más las actuales investigaciones, en las que se utiliza tecnología de avanzada para no dañar nada y recuperar objetos valiosos.

Para todos los gustos
Se calcula que fueron más de 100.000 piezas las recuperadas. Y algo a considerar: cuando hablamos de los teotihuacanos, no debemos olvidar que con los mexicas fueron previos a los aztecas, pero también en los hallazgos hay un montón de simbología y objetos de los mayas. Lo que presupone que en diferentes períodos todos esos pueblos confluyeron en la zona, e incluso no quedan dudas de que había intercambio comercial, por indicios encontrados en diferentes zonas de América Central. Cómo es ese pasadizo El túnel tiene 103 metros y quedaban los últimos 36. Allí había ofrendas de caracolas provenientes del mar Caribe traídas por los mayas como regalo, restos de grandes felinos, el jade, inexistente en México y llevado desde Guatemala, y cerámicas con la imagen de Tlaloc, la deidad principal del inframundo, explica el investigador del Instituto de Antropología e Historia. Lo increíble se encontró al final, donde se hallaron más de 19.000 semillas, las que a pesar del excelente estado de conservación no han logrado germinar. Fundamentalmente había de maíz, calabaza y frijoles. También se encontró un trozo de piel con pelo que se está investigando, aunque recientes informes indicarían que se trata de un ser humano. No olvidar que los teotihuacanos desollaban hombres y luego se cubrían con su piel. ¿Por qué se conservó? Como el túnel estaba herméticamente sellado no se produjeron cambios en sus condiciones meteorológicas y todo se ha encontrado en excelente estado de conservación.

¿Una representación?
Para el profesor Sergio Gómez, todo el túnel se trata de una representación, una metáfora del inframundo. Al final del túnel se encontraron con dos esculturas, de una mujer y de un hombre, junto a decenas de conchas marinas y 14 pelotas de hule (el famoso juego de pelota encendida fuego que jugaban estos pueblos precolombinos), muchos fragmentos de huesos de grandes felinos traídos de la zona maya, y otras dos mujeres más a los lados. Ellas son más altas y aparecen con faldas. El hombre va desnudo. Todo hace suponer que eran los chamanes. Y en ese mismo sitio, las representaciones del cielo y el infierno, todo entremezclado con la magia y la adivinación y que, se estima, pueden datar de entre el año 100 y 250 de nuestra era. Es cierto que, si bien se encontraron algunos restos humanos, se ha considerado que no son reyes ni deidades, aunque se deberá considerar que, aunque suene increíble, pese a todo lo descubierto, se cree que apenas se ha hallado un 5 por ciento de todo cuanto debería haber en un sitio que no podía haber sido mejor bautizado: “mágico”.

Agradecimientos: A Concepción Gutiérrez Sala y a toda su familia 

A todo el pueblo de Teotihuacán por su enorme hospitalidad y colaboración.

Fotos: Brandon López Gutiérrez (México)

Facebook Comments

Leave a Reply

error: El Contenido esta Protegido!!! Dogma-Argentina