Un hospital con tratamiento paranormal

Es una de las instituciones más escalofriantes de la historia argentina. Te contamos algunos episodios paranormales en este hospital cordobés.

 Por: BIANCA RUGGIA

El viejo Hospital Psiquiátrico de Santa María de Punilla es una de las casas del terror más famosas de Argentina, y de Córdoba. Es la leyenda urbana por excelencia, en la que sucedieron mil episodios escalofriantes y que, cada año, suma más anécdotas. Se encuentra alejado de los centros urbanos, aislado e inaccesible al mundo. Por eso, visitarlo es una aventura, que solo se reserva a los más osados y valientes o a los amantes de las historias de terror. El viejo Hospital es un gigante que permanece anclado a nuestra realidad, invitándonos a viajes paranormales con una postal terrorífica. 

Sus paredes con humedad, el olor a desamparo y la oscuridad de su interior, nos atemorizan. 

Testimonios del terror

Abandonado y olvidado, sus vecinos dicen sentir por las noches aullidos desgarradores, llantos, voces de súplica, pisadas y luces que recorren los pabellones, a pesar de que no tiene electricidad desde hace décadas. Todo aquel que se anima a adentrarse en su interior siente la incómoda sensación de estar siendo observado. «Las personas que llevaron allí estaban poseídas por espíritus malos, por eso nadie puede habitar ahí, donde quedó el mal», sostiene Rosa Martínez, una vecina del oscuro hospital, que aún en la actualidad sigue funcionando para tratamientos psiquiátricos.

«Estuve sentada en un banco hasta que cayó el sol, de pronto vino un frío tremendo y me fui porque me sentí observada», relata Luisa Cristinziani, que vacacionó un diciembre acalorado y sacó fotos intentando captar postales del bello paisaje. Pero cuando las amplió vio rostros entre el follaje y en las ventanas.

«Es un lugar alejado de todo, se sienten ruidos raros», afirma Magnus Mefisto, uno de los youtubers más conocidos del país. Su contenido suele ser en torno a exploraciones urbanas sobre fenómenos inexplicables. «Hay dos pabellones abandonados que son tétricos», describe. Los visitó justo antes de la pandemia. «En el segundo pabellón hallamos una entrada secreta que nos condujo a un subsuelo donde vimos algo que nos impactó: camillas de metal, era la morgue del Hospital», afirma. «También hallamos un lugar que podría haber sido el crematorio», agrega. Magnus y su equipo decidieron quedarse hasta que llegó la noche. Pero para cuando la luna se fue asomando, comenzaron a sentir lo mismo que casi todos los visitantes: la intranquila sensación de estar bajo la mirada de algo o de alguien.

Miradas invisibles

Esa es la sensación que comparten todos sus visitantes. Aseguran sentirse observados por entes invisibles, ya que no se hacen presentes de otra forma. El grupo Rosario Paranormal, especialista en leyendas urbanas, asegura que hasta se pueden sentir «roces con cuerpos invisibles, movimientos rápidos de algo no definido en espacios en donde hace tiempo que ya no hay nada ni nadie», además, desde su experiencia en muchos lugares, afirman: «Acá hubo mucho dolor y aún se expresa».

Hay otra experiencia compartida y es la visualización de un espectro: un niño de dos o tres años con el rostro «desencajado» que corre por los pasillos. «Lo vimos correr detrás de nuestro auto, pero enseguida desapareció», confiesa Paola Palacios, quien visitó el lugar.

La historia de la paranormalidad

Este Hospital comienza la epidemia de tuberculosis. Instalado en las sierras cordobesas estratégicamente por su aire puro, ofrecía terapias a los pacientes de esta enfermedad respiratoria. Hasta 1968 funcionó como tal, luego cambió su fin para brindar tratamiento a personas con enfermedades mentales. Nacía el Hospital Santa María de Punilla, como lo conocemos hoy. Sin embargo, con el paso del tiempo muchos de sus pabellones se abandonaron. El hospital contaba con 400 hectáreas de quince pabellones. Pero, en la actualidad, dos están abandonados y uno sufrió un incendio. Durante la última dictadura funcionó como centro clandestino de detención y ahora solo una parte de sus instalaciones funcionan. A duras penas.

Sin embargo, sigue vivo. Sus heridas laten, y las historias del terror que allí se vivieron siguen contándose por sí solas… ¿te animarías a escucharlas?

Fuente: Serargentino.com

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